Los mejores cuentos son los que escapan de la censura

Cada sujeto habita su propio cuento, una ficción singular desde la que ordena su realidad.

Nombrarlo como cuento no le quita importancia, más bien lo contrario, remite a que es una vivencia propia, de cada uno. No hay nada más ofensivo cuando alguien sufre que acusarle de estar inventándose lo que le pasa. Cuando la realidad es que todos vivimos una ficción, y no por eso es menos real.

No solo por este motivo, pero muchas veces ese relato nuestro, queda bajo la tiranía de la censura. Apenas expresado, apenas  insinuado en síntomas, silencios o repeticiones. En definitiva, censurado a costa de sufrimiento.

En el trabajo con niños consideramos la importancia que tiene todo esto. Observamos cómo cada niño va armando su propio cuento, sus propias explicaciones.

Ese relato suele aparecer en escenas repetidas, aparecen personajes, colocan en escena miedos y realizan diferentes creaciones. Auténticas tramas.

Escuchar ese relato, ponerlo en juego e incluso ayudarles a construirlo, favorece que tengan más recursos para encontrar significados a la realidad que perciben fuera, en la vida real, y por tanto que estén en mejores condiciones de afrontar las dificultades de la vida.

No hay un cuento, tanto en el mundo de los niños como en el de los adultos, que no nos plantee una cuestión existencial.

Jorge Romero

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