El juego comienza cuando deja de saberse a qué se juega
El juego está en lo que irrumpe mientras se juega. El juego planificado, en sí mismo, no es lo más importante, sino lo que en él aparece del niño, mientras se juega. Lo previsto funciona como un marco, como una invitación, a la que suelen acogerse bien los niños, si ponemos el oído y partimos de algo que les resulte atractivo e interesante. Sin embargo, el verdadero juego aparece en la emergencia, como algo que surge y que desborda lo que estaba en marcha.
En eso que el niño reconoce como juego, pues para que sea juego, no basta con que le resulte lúdico al adulto. En demasiadas ocasiones, la “propuesta lúdica” del adulto, esconde en el fondo tintes moralistas y pedagógicos que nada tienen que ver con el acto de jugar. Los niños no juegan únicamente para aprender, lo que no quita que puedan aprender jugando. Lo que marca la diferencia en esas situaciones donde el juego ya no es lo que parecía ser, es que aparecen las cuestiones que realmente involucran al niño y su realidad subjetiva; sus preocupaciones, sus tensiones, sus posiciones ante tal o cual problemática.
Y es en esos ínfimos momentos que el niño puede expresar, a su manera, la verdad de lo que tiene que decir. No antes cuando se le había preguntado directamente, ni después del juego cuando intentamos recabar información tratando de indagar en algo que ya ha mencionado.
El interrogatorio no funciona, lo que tenía que decir, ya lo dijo. Lo que el adulto no haya podido captar, ya se perdió, y también la oportunidad, aunque quizás tenga otra, cuando surja una nueva situación de juego. Es por cierto el niño quien marca cuándo empieza y sobre todo, cuando acaba. Y digo el niño, aunque para ser más exactos, lo que marca el inicio y el fin es la propia situación, en vivo y en directo, del inconsciente.
No se puede forzar a que eso ocurra, pero sí favorecer las condiciones para que pueda ocurrir. Es un instante, un suspiro, pero justamente ahí ocurre lo más importante, lo verdaderamente terapéutico.
Jorge Romero
