Distinto a ser escuchado es que en mi decir, aparezca una escucha
Y es que para escuchar lo que alguien dice, hay que partir de sus propios decires. Pero, ¿Cuáles son sus propios decires? Esa es la cuestión…
Lo cierto es que somos una acumulación de decires, de otros, hablando a través nuestro. Lo que usualmente consideramos como propio, nuestro propio discurso, nuestras propias palabras, nuestras propias teorías sobre nosotros mismos, resultan no ser tan nuestras.
Parece fácil y difícil, pero averiguar nuestro propio decir es todo un trabajo (terapéutico). Y un paso más, tomar una posición ante esos decires: “Pensé esto pero, ¿Estoy de acuerdo?”.
Elucidar algo de nuestro sufrimiento, encontrar explicaciones, también pasa por las palabras, sin palabras no tenemos una teoría que nos sostenga. Ninguna proposición terapéutica, siga el método que siga, puede saltarse ese último paso en el que alguien dice: “Por esto me sentía mal”. Nos sostenemos con palabras.
Por eso es importante que antes que decirle al otro lo que le pasa, pueda ser invitado a poner en juego los decires que de alguna manera, le han sostenido: “¿Qué cree usted que le pasa? ¿De dónde cree que le viene?”.
Cuando la comprensión se apresura, la escucha se pierde. Uno puede hablarle a un otro que está, pero no donde se le necesita.
Jorge Romero
